8 sept. 2013

Relato




- Yo también -

«Preferiría no hacerlo» me dijo entornando los párpados, apresando entre ellos dos lagos de ámbar mientras, desafiante, dejaba su vaso para beber del mío —el de un extraño, indeciso entre la textura de sus labios y la profundidad de su escote— y añadir: «Pero no se preocupe, lograré los papeles». Se levantó y abandonó el bar del hotel con más clase que las cinco estrellas que colgaban en su fachada. Esa misma noche me confirmó haber obtenido los documentos. Para llegar al lugar acordado, crucé la ciudad, batida por un viento intermitente y salobre que arrastraba lluvia sin piedad, barriendo el empedrado de las calles. Ella esperaba impaciente bajo un amplio paraguas negro, mordiéndose el labio inferior. En la mano sostenía una carpeta. Al darme el sobre —en silencio— adiviné tras aquellas gafas oscuras el almíbar estremecido de sus ojos. Luego, un taconeo de zapatos perdiéndose calle abajo fue lo más parecido a una despedida. Regresé al hotel empapado y abrí el sobre. A la vista de aquellas hojas en blanco recordé sus labios acolchados, su voz ronca, arrolladora, repitiendo «preferiría no hacerlo» mientras yo asentía con la cabeza. Descolgué el teléfono y dije: «Nos equivocamos con ella. Procedan».

©Mikel Aboitiz


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