17 jun. 2018

En menos de 101 palabras


Adiós, no. Hasta luego

Volvíamos conduciendo de enterrar al tío Justo. Íbamos rápidos para tanta niebla y derrapé en una curva. Dimos varias vueltas de campana ladera abajo.
  —¿Estás bien?
  —Mejor que tú —respondió Laura al verme escupir sangre—. ¡Manda narices! Casi nos matamos volviendo de un entierro.
Permanecimos un rato abrazados entre hierros. Al salir fuera sentimos frío. En la vida habíamos visto tanta niebla.
  —Lo importante es seguir vivos —dijo Laura mirando de reojo el coche hecho un acordeón.
  —Alguien vendrá a auxiliarnos —añadí confiado.
Y tuve razón: entre la bruma apareció él. El bueno de Justo, siempre dispuesto a ayudar.


©Mikel Aboitiz


11 jun. 2018

Otra historia de abogados


De pompas y escobas

El abogado Funes repasa con voz monótona: «Cinco féretros modelo Spass im Frieden. NIF, correcto. Firma adecuada. Idioma, español. Fecha, la justa. Nada que censurar». Salvatierra,  el comercial, pasea dando vueltas al palé sin desembalar, girando nervioso su anillo de bodas. El abogado le devuelve el albarán sacando una fiambrera con la otra mano. Por la claraboya del almacén se cuelan unos rayos de sol que lamen lánguidos la tortilla entre los panes. Funes mastica con la boca llena: «Falbatiefa, no fe fienez que abogar en un vafo de agua». Salvatierra alza la voz, señalando bajo el plástico del palé: «¡Son fucsias!¿Qué se han pensado estos alemanes?¡Solo faltan unas panderetas para el sepelio!». Una nube ensombrece la nave y Funes se aleja hablándole enfurruñado al bocadillo: «Capaz de pedirme que les meta un pleito por amorales. ¡En vez de fijarse al hacer el pedido! ¿Soy barrendero o abogado?¡Siempre recogiendo cascotes!».  

©Mikel Aboitiz

10 jun. 2018

Microhomenajes: María Dolores Pradera


María Dolores Pradera (29/8/1924 – 28/5/2018)


María Dolores Pradera

Hace apenas dos semanas escapó a lomos de un caballo negro azabache rumbo al recuerdo. A rienda suelta, con jazmines en el pelo, sin despeinarse, tan señora. Al galope, los ojos claros fijos en el horizonte, donde dos guitarras gemelas la esperaban. Fijos a lo lejos y abismados en ella misma para sacar del pozo hondo de sus entrañas la pena, el oro negro del dolor, para moldearlo en el aire con voz y manos expresivas. María Dolores Pradera, escultora de belleza, artista de huella profunda, adiós.  


©Mikel Aboitiz