11 oct. 2018

Otra historia de abogados

Y los deberes sin hacer

Consulto el caso con varios doctores, asiduos clientes de la pensión de mis padres. Unos opinan que, acercándose su aniversario, la paciente sufre la crisis de los cuarenta, mal muy extendido entre la ciudadanía. Otros la toman por demasiado ennoblecida, piensan que le sobran títulos y que se la tiene mimada en un pedestal. Los pareceres son encontrados. Tancredi, el italiano, la compara con la longeva paciente americana y cree necesario operarla de urgencia para que todo siga como está. Esto enciende a Suances: «¡A mí que no me toquen mis derechos!». Los doctores en leyes se agitan en torno a la mesa, discuten a voz en cuello y yo, aprovechando un descuido, agarro a la paciente del centro de la mesa y me la guardo en la cartera. Subo corriendo a mi cuarto y, a salvo del jaleo, intento hacer sin ayuda los deberes sobre la constitución del 78.


©Mikel Aboitiz
 

23 sept. 2018

Reeditados: Otra historia de abogados



Makiabello

Dejarme sin tele era la medida de coerción favorita de mi madre. Si fallaba, la posterior comparecencia ante mi padre se resolvía cinturón en mano, por vía disciplinaria. Como reacción a tan hostil imperio de la ley hogareña, me eché un amigo invisible, Makiabello. Él me enseñó retórica. También que la delación es un arma invencible frente a los indiscretos.
Con su ayuda me convertí en el mejor abogado de mi propia causa y mi casa se transformó en un hotel de lujo: tele a todas horas. Papá no volvió a encerrarse en el baño para quitarse carmín del cuello al volver del trabajo y el cartero ya no entregaba a mamá ningún sobre en mano en el dormitorio.
Pensarán que mi amigo invisible desapareció pronto: se equivocan. Siguió vigilando para mí, observando el comportamiento de mis padres y disfrutando conmigo de Bonanza. ¡Ventajas de tener un amigo invisible!

©Mikel Aboitiz


10 ago. 2018

Otra historia de abogados



Más que abogado jubilado, mi tío Enrique era un glosario viviente de términos jurídicos. Si tía Eugenia detectaba que el congelador, en lugar de estar helado, no bajaba de los cinco grados, él lo tomaba por un «incidente cautelar», a sustanciar por separado del asunto de la plancha que solo sufría una «suspensión cautelar» de funciones. Si la calefacción se disparaba en pleno verano, creando un infierno casero, el doctor en leyes Enrique Fausto Pedante murmuraba entre dientes «obligaciones sinalagmáticas» y exhortaba a mi tía a llamar al técnico, que él no era un héroe del bricolaje. Cuando tía Eugenia explotaba, harta de que en casa solo funcionara el diccionario jurídico, le lanzaba improperios inventados como «menchévago» o «comemircos», hasta que él, ofendido, huía al juzgado dispuesto a sentenciar a su mujer. Lo hacía desde un banco, dando de comer a las palomas. Luego, regresaba a casa cargado con flores.

©Mikel Aboitiz

29 jul. 2018


    En esta ocasión, Salvada bajo su seudónimo de Mikel Aboitiz, ha llegado a la final mensual de los microrrelatos de abogados con su "Gracias".
¡Suerte!
https://www.abogacia.es/microrrelatos/07-2018/gracias-3/