20 sept. 2017

En menos de 101 palabras

Miércoles, cerrado por estreñimiento


La casa ha comenzado a llenarse de hormigas. Entran en formación por el balcón y avanzan hipnotizadas por el pasillo, adentrándose en el piso, camino del horno. Manolo las espera en la cocina. Acaricia satisfecho la cabeza de su hijo, Jaime –Jamelín–, anticipando las alabanzas de sus clientes: “Manolo, qué mano tienes con tus crujientes”. Ignoran que todo se debe a unos buenos tapones de cera. Porque el crío, sentado en el orinal, con el rostro arrebolado, estruja entre los dedos una flauta chillona y obra –un milagro–, como cada miércoles.


©Mikel Aboitiz




10 sept. 2017

Otra historia de abogados

Detalles

El secretario judicial se atusa hastiado las guías del bigote. El fiscal mordisquea concentrado el extremo de un lápiz. Calculará el cómputo de penas. El abogado, igual que durante el careo, se frota cansado las sienes. A golpe de maza el juez cerrará la sesión. Gestos, sumandos desiguales de lo cotidiano en la Justicia. El clic de las esposas al cerrarse. Las gotas de agua, suicidándose mil veces contra el lavabo, desajustando el silencio de la noche en blanco. Detalles en los que reparar. El rápido pestañeo del abogado al anunciarse la condena, el leve murmullo del público a mis espaldas. Lo sigo como en una película. Desdichadamente han sentenciado trece años y un día y el actor imprescindible de este film se sienta en el banquillo y, por mucho que me cueste creerlo, deja escapar una lágrima y soy yo mismo, atento a esos tontos detalles.

©Mikel Aboitiz

12 jul. 2017

Otra historia de abogados

Irreconocible

El azar es un mono alocado lanzando pelotas de colores. Te dan y te besa la suerte. O te golpean y recibes la desgracia. A mí me han tocado mucho esas pelotas: he defendido a maleantes, presuntos chorizos, chorizos de tomo y lomo, veganos parricidas, caníbales arrepentidos, estafadores de poca monta, montadores de muebles e inocentes desvalidos. He visto de todo y no incurriré en incumplimiento con la verdad al desvelarles que nunca pierdo el sueño. Ni en el caso del carterista de seis dedos o el de la cantante muda. Les asesoro y preparo su defensa. Con seguridad he perdido procesos, pero también he inclinado la balanza del lado de mis clientes.
Sin embargo, al toparme hoy, sentado sonriente en el taburete de mi cocina, con mi mandante, el célebre carnicero psicópata, he sabido que perdería algo más que el sueño. Por cierto, ¿conocen algún un buen cirujano plástico?

©Mikel Aboitiz

21 jun. 2017

En menos de 101 palabras

Entre iguales

Mojaría la cama sin el beso de buenas noches. Despertaría bañado en sudores, berreando, y no podríamos avanzar con nuestros experimentos. Por eso ella le estampa un beso en la frente antes de fijarle a las sujeciones de la cama.

Hasta ahora los resultados de nuestros trabajos son positivos. El engendro se muestra conforme. Monitorizamos sus pesadillas plagadas de apuñalamientos, naufragios y patéticos dictadores. A pesar de todo, él despierta sonriente al nuevo día, lleno de candidez y esperanza. No entendemos sus procesos internos pero hemos hallado un lejano planeta azul donde enviarle. Creemos que allá podrá ser feliz.

©Mikel Aboitiz