8 sept. 2019

Salvaje informa

Salvada, nuevamente bajo el seudónimo de Mikel Aboitiz, se ha colado entre los finalistas del concurso de microrrelatos de La Red de Abogacía.

Dejo aquí el enlace de su microrrelato para esta final aún en


8 ago. 2019

Salvaje informa

Salvada, nuevamente bajo el seudónimo de Mikel Aboitiz, se ha colado entre los finalistas del concurso de microrrelatos de La Red de Abogacía.

Dejo aquí el enlace de su microrrelato para esta final aún en


14 jun. 2019

Reeditados

Enlace al texto leído por la voz silenciosa: Para escuchar en ivoox







La primera vez

La primera vez fue inolvidable como un flechazo. Sus ojos, su mirada nocturna en un pasillo del metro. Ella acechaba nerviosa por si aparecía alguien. Fue algo rápido. Un intercambio veloz. Al principio él pensó que se trataba de una broma, que esa chica guapa de melena ondulada y tenis sucios no tendría redaños. Pero bien que los tuvo. Él se sintió estúpido y jadeante en cuanto la perdió de vista. Poco después comprobó que en aquella ciudad no solo abundaban las esquinas oscuras y los vanos profundos de puertas olvidadas, sino que había más mujeres que las sabían aprovechar.

La segunda vez fue con luna nueva. Ella era grande, caballuna y él no dudó de su decisión, para qué resistirse. El encuentro fue fugaz como un trámite. Casi sin cruzar palabras. En aquella maldita ciudad aprendió a hacer sin rechistar lo que las mujeres le pedían. Pero sobre todo jamás olvidaría los ojos húmedos y azules de la primera vez, cuando entregó el billetero a cambio de no albergar en su tripas veinte centímetros de acero.

©Mikel Aboitiz





13 jun. 2019

En pocas palabras


El último de la casa

Llamará para la cena en familia. Mamá, encorvada por la edad, y yo sentado en el extremo opuesto, donde antes papá, guardaremos silencio. Bernarda (la cofia torcida le da un aire de enfermera triste) encenderá las velas y servirá sopa para dos. Con tanta habitación clausurada apenas tiene trabajo. Ni siquiera limpia las arañas del salón. Mamá no probará bocado, ¡maldita farsa!, y tras el postre Bernarda empujará la silla de ruedas llevándose esa especie de maniquí roto de madre y se despidirá por ella. Luego me subirá las pastillas y de nuevo asegurará con gesto tranquilo que no estoy solo. Alguien debería decirle que no hace bien su trabajo.


©Mikel Aboitiz