22 feb. 2014

En poco más de 101 palabras



- Definitivo -
Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos. Los últimos habituales habían anulado sus reservas. No vendrían «por un tiempo». Las oficinas cerraban; ganaban terreno las fiambreras. Por un tiempo, sí. Espantó sin convicción un moscón y se quedó oyendo su pesado zumbido por el comedor desierto. Junto a la registradora —desocupada como un ataúd a la espera— había despedido al camarero. Por un tiempo, sí. Apoyado en la cristalera boqueó agobiado mirando la calle. Era un pez encerrado en su pecera, nadando entre mesas vacías y deudas a manos llenas. Abrió tembloroso el cajoncito y acarició un revólver. Iba a ser para siempre. No por un tiempo.
©Mikel Aboitiz



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