Prozac
Tic-tac. Si el despertador alojara en
sus tripas a un tipo bigotudo y bonachón trabajando tras la esfera
en hacer sonar la campana. O si la máquina de café escondiera una
joven Cenicienta sin cesar ocupada en destilar esas gotas de amarga
negrura para el desayuno. Entonces también sería imaginable una
vocecita interna llena de optimismo despertando a don Manuel para que
comenzara el día pletórico de energía. Pero la realidad cotidiana
carece de engranajes movidos por hombrecitos bigotudos y la cafetera
escupe sola su infusión matutina. De manera que don Manuel permanece
en cama abúlico, arropado, sin vocecita interior, hombrecito
bigotudo o Cenicienta que le levanten para enfrentar otro día
más.Tic-tac, avanzan las horas vacías.
©Mikel
Aboitiz
