17 nov. 2011

Visto en Berlín...: Else-Ury-Bogen


Este muro vigila un jardincito soleado en el Else-Ury-Bogen, una calle curva con nombre de escritora (muerta en el campo de concentración de Auswitz) que discurre paralela a las vías del tren elevado. La puerta junto al muro no está abierta, pero promete por entre sus rejas un lugar verde y apetecible. Sin embargo, apenas alguien repara en ella pues la calle está atiborrada de cosas para ver. Restaurantes, cafés, tiendas de moda o souvenires, todos compiten por llamar la atención del paseante poniendo zancadillas de colores (postales, cómodas sillas, ropas) en esta vía pública libre del tráfico de coches. Como todas las calles que no están rebajadas a la categoría de callejones sin salida, esta tiene un principio y un final. Si fuera un río contaría con un nacimiento plebeyo pues arranca casi desde los bajos de un puente del tren, techo seguro para los mendigos que allí a veces se ven. También tendría una desembocadura al dar con sus aguas en Savygniplatz y, sobre todo, recogería a su vez el caudal del transporte público, que son los cientos de viajeros que en ella entran por un lateral, inundando el Else-Ury-Bogen de prisas, de modo que la gente no suele reparar en el jardincito ni en otras promesas que las de llegar a tiempo a su trabajo o a sus casas. Y los turistas despliegan mapas delante de sus ojos y no ven el muro ni la puerta pero aciertan a comerse una pizza o a nadar hasta Savygniplatz braceando entre las olas de gente. Mientras, la puerta del jardincito espera paciente a que haya un momento de tranquilidad y alguien se pregunte qué encerrará. Las puertas tienen algo humano y hacen preguntarse qué habrá tras ellas, qué me dirán esos ojos, qué palabras encerrarán esos labios.
©Mikel Aboitiz
 

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