29 dic. 2011

En menos de 101 palabras (sin contar frase inicial)



Dejar todo en sus manos 

Por fin quietas. Había logrado una interpretación impecable. Bajó la cabeza y miró sus manos: blancas, inmóviles, descansando sobre los muslos como dos animales adiestrados, ajenas al aplauso. Tomó aire y estiró los brazos, descubriendo en su camisa dos gemelos brillantes bajo los focos. El público enmudeció. Los dedos bailaban de nuevo sobre las teclas sacando lo mejor del Steinway. Completó su actuación y abandonó la sala entre ovaciones. Había quedado finalista para el día siguiente. Veinticuatro horas después, miraba nervioso sus manos quietas, suspendidas en el aire en una pausa mínima, para él eterna. ¿Ganaría el concurso? El piano tomó la palabra.
 ©Mikel Aboitiz

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