16 dic. 2011

En menos de 101 palabras (sin el título)



Dentista, a tus dientes
El dentista le había recomendado aquel libro a mi esposa. Ella lo guardó disimuladamente bajo llave en su mesita de noche. A partir de ahí se acumularon las citas: control rutinario, empastes, limpiezas bucales. También cambió de colonia y se cortó el pelo. Un día que se suponía que yo estaba de viaje, el dentista le llamó a casa; le noté azorado. Pronto averigüé que había más citas ondontológicas, cada vez más adentrada la tarde. Decidí atajar de una vez el problema. Agarré un cuchillo (no me gusta irme por las ramas), forcé el cajón y prendí fuego al libro.

©Mikel Aboitiz

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