10 jun. 2012

Microrrelato


El viaje

Ese maravilloso viaje que le habían prometido se llamaba LSD. 30 microgramos y ¡a volar! No debía temer: no creaba adicción y sus cinco sentidos crecerían como gigantes. Al principio, no notó nada y se contentó con buscar al ritmo de la música una cerveza fría por el balcón del apartamento. Los amigos escudriñaban cómplices su rostro. Entre los Violent femmes y los Pixies apareció aquella sonrisa, un gesto nuevo en él, un relámpago casi imperceptible. Estaba viajando. Rompió a reír y a mover los brazos imitando un pájaro. Subió a la barandilla y gritó jubiloso sobre la ciudad: ¡Volaaaaar!
Sus amigos tuvieron razón: no llegó a causarle adicción.

©Mikel Aboitiz

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