29 sept. 2012

Relato



Reconocimiento

El recién ascendido inspector Revilla aplastó con rabia la colilla recordando a Vélez, su antecesor, asesinado a sangre fría. Ahora él estaba al mando, ocupando el puesto de sus sueños, pero debía supervisar la rueda de identificación que bien podía fallar. Entró y observó a la testigo, la cara pegada al cristal, pendiente de reconocer los ojos, la mirada del asesino del viejo inspector. El resto de compañeros permanecían tensos, esperando que identificara al maldito sicario. Le caerían veinte años y ellos le sacarían —¡claro que sí!— quién le pagó. Se aproximaban los sospechosos al cristal oculto, acercaban sus caras patibularias a la de la testigo — esta podía sentir sus alientos—, luego, retrocedían sumisos. Al llegar el quinto, la mujer dio un grito seco y los policías intercambiaron satisfechas miradas de inteligencia. Ya le tenían. Le harían cantar. Revilla solo tragó saliva en seco. Ya le tenían.


©Mikel Aboitiz




2 comentarios:

  1. Llego por primera vez y me gusta mucho lo que encuentro, Mikel.

    Este es un micro en el que la tensión narrativa le llega al lector gracias a una precisa elección del plano semántico y una muy buena construcción de los personajes. Un final que -aunque puede llegar a olerse por el vicio lector del género- golpea en la medida justa y necesaria.

    Si no te parece mal, me quedaré asomado a tu ventana, y marcaré el camino desde mi rincón para que los amigos que no te conozcan sepan cómo llegar.

    Un saludo,

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  2. Muchas gracias, Pedro. Sé bienvenido. Tu comentario me hace pensar sobre lecturas a "dos velocidades": para el lector habitual y el especialista que se conoce las veredas de los micros y no se deja sorprender fácilmente.
    Que Revilla esté simplemente abrumado por la responsabilidad también sería una interpretación. Pero mejor no inmiscuirme, los micros acaban donde terminan: en el lector. Gracias por leerme

    Un saludo desde el hoy soleado Berlín

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