10 oct. 2015

Microrrelatos





  -   ¡Nunca me toca!  -

«¡Cuánta fuerza y qué poca puntería!», pensó ella al ver al tonto de su hermano empuñando el pistolón descargado de su padre. Le gritó: «¡Apunta bien, Guillermo Tell!». Cuidaba no mover la manzana colocada sobre su cabeza. Le sudaba la frente. El brazo en cabestrillo —de cuando jugaron a supermán— le picaba bajo el yeso. La próxima iba a elegir ella el juego. ¡Vaya que le tocaba! Cerró los ojos, sorbió los mocos, y aspiró el olor húmedo del patio mezclado con algo más. ¿Olían los presagios? Silbó la bala y, temblando de rabia, adivinó que solo quedaría jugar a los fantasmas.


©Mikel Aboitiz

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