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2 abr 2020

En menos de me da igual cuántas palabras



También lo ves

Deseo hablarte de esta escalera, de sus proporciones perfectas. Por eso hice la foto. Para mostrarte su esbelta longitud, la curva que dibujan sus pasamanos, las luces bañando en escalas de colores la ascensión hasta un cielo adivinado en lo alto. He descargado la foto del móvil para almacenarla definitivamente en el ordenador. El resultado lo tengo en la pantalla. Lo puedes ver tú también. Reconozco que la técnica no se me da bien, que ha pasado un tiempo desde que capturé ese instante, ahora eterno, y que hoy se me antojan años. Como si de una escalera decimonónica se tratara y yo la hubiera inaugurado. Algo ocurrió al volcar esos píxeles al ordenador. Un error, una impericia de mi parte que me hace frotar los ojos para aclarármelos, no sé. Sin embargo ahí está, el elefante rosa, ocupando casi toda la superficie, girando su cabeza hacia mí, retenido en el ámbito de su propio retrato con una escalera de fondo que ya apenas se adivina. La escalera la conozco de memoria, por eso te la puedo describir, pero el elefante es nuevo y apenas me atrevo a mirarle a los ojos. Son inquietantes y pequeños, comparados con las dimensiones reales del resto de su cuerpo que no acabo de adivinar. Tampoco quiero hacerlo. Imagino qué pensarás tú del elefante rosa. A mí me disgustan los invitados por sorpresa, esos que llegan como este elefante, cuando nunca se les llama, se aprovechan de la fiesta y te dejan la casa hecha un asco. Me estoy viendo remangándome, poniendo los guantes, con el cubo de agua y el Míster Proper. Yo, que únicamente quería mostrarte mi foto, ahora solo espero que mañana estés a mi lado, como siempre, ayudándome con la mopa.



©Mikel Aboitiz

6 ago 2016

Definiciones imprecisas: Escalera



Una escalera es una construcción capaz de comunicar diferentes niveles. Las hay de mano, tijera, cuerda, caracol, imperiales e imposibles. La clásica —el alfil de las escaleras— une distancias con sus tramos diagonales aportando comodidad y descanso con rellanos y pasamanos.Una escalera suficientemente empinada y larga, recorrida hacia arriba, aporta un sentido filosófico a la vida (¿Adónde vamos?, ¿De dónde venimos?, ¿Son suficientes nuestros motivos?). En sentido descendente, la escalera anticipa una salida, una liberación o —por debajo del nivel del suelo— un pequeño viaje inconsciente (el breve aleteo de un pestañeo) a los submundos. En ausencia de fuegos, las de incendios ofrecen liberación: el ensayo lúdico ante lo peor. Las escaleras comunican mundos exteriores e interiores. Peldaño a peldaño, nos acercan a nosotros mismos, fácilmente —y cómo no—, de manera escalonada.

©Mikel Aboitiz