16 jul 2023

 Definiciones imprecisas: Desfachatez

Será preciso disculpen pero no voy a darme el trabajo de definir el término propuesto. Lo digo con descaro: no me da la gana. Prefiero proponerles que estén atentos a la actualidad electoral y que valoren entrevistas a miembros de partidos políticos. Sopesen algunas de sus respuestas. Sus cada vez más recurrentes salidas por los cerros de Úbeda. ¿Les suenan? Se harán cargo entonces de lo innecesario de explicar la desvergüenza, pudiendo recurrir a tanto ejemplo práctico pues, a poco que se fijen, alumbrarán el significado del concepto sin esfuerzo, aunque al hacerlo puede que incluso se sonrojen. De vergüenza ajena. Porque esquivan preguntas mejor que balas los superhéroes y, lo peor de todo, es que ni se despeinan. Sin embargo, me temo que insistir en esto es más inútil que hacerle la permanente a Prigozhin...

©Mikel Aboitiz

9 jul 2023

Otra historia de abogados

Juicio final

A los futuros clientes les dejo claro que siempre se les va a ayudar. Para nosotros es fundamental. Para ellos indispensable. En nuestro bufete no hay turnos. Lo cuento con orgullo: damos servicio 24 horas, 7 días a la semana. ¿Cómo es esto posible? A través de nuestro servicio personalizado de ángeles togados de la guarda. Los mejores licenciados en Derecho Penal Internacional se echarán a sus aladas espaldas su caso y lucharán por sus intereses. No importa la gravedad de los cargos: torturas, genocidios, crímenes de guerra o instalación de campos de concentración nos son praxis habitual. Somos contrarios a la pena de muerte. Nunca les dejamos colgados. Somos el último consuelo de déspotas y tiranos. Todo acusado merece una defensa digna y un juicio justo. Nuestra cartera de clientes es amplia. Y si, por alguna razón, nos es adverso el veredicto, tramitamos entradas VIP en el infierno.

 

©Mikel Aboitiz

8 abr 2023

En menos de 101 palabras

En bucle

Un hombre cansado de rostro lampiño llama al ascensor desde el ático. No espera encontrarse a nadie dentro, pero al abrirse el elevador, aparece un señor con gesto muy confundido. Porta un bigote de herradura, como de pega, e indica no querer apearse. Conforme descienden, va perdiendo consistencia hasta llegar a desvanecerse.

Al abrirse la puertas en el piso inferior, el hombre cansado, manotea boquiabierto el aire vacío frente al espejo. Ahora luce un bigote inexplicable. Se lo palpa y, sin pensarlo dos veces, presiona el botón del piso superior.

Arriba, sin saber dónde se mete, espera  un joven imberbe.

©Mikel Aboitiz