27 sept. 2011

Relato muy breve


Cantos de sirena

Lejos. De lejos iba llegando el rumor de las voces junto al agua. Tardó en darse cuenta, confundido como estaba entre los espesos abrazos del sueño. Abrió los ojos y encendió la linterna. Al instante, el interior de la tienda de campaña se convirtió en un recinto claustrofóbico, en un iglú de paredes rojas, mecidas por el viento. Afuera volvió a sentir la cadencia de las olas rompiendo en la orilla. Nada interrumpía su inevitable morir sobre la arena. Algún animal huyó espantado en la oscuridad presintiendo la linterna que empuñaba en su mano derecha, la misma con la que subía la cremallera de la entrada, como si cortara la lona de la tienda con un cuchillo de luz. Había bajamar. Del agua, de las olas que mantenían su vaivén, le separaba un buen trecho de playa, en cuyo último tramo yacían negras sombras de algas esparcidas por el azar de los mares. La Luna pugnaba por crecer y era solo una rodaja de melón luminosa, atacada por voraces nubes que la invitaban a sus estómagos brumosos. Dejó caer la linterna y emprendió una carrera hasta el agua, sin volverse a mirar atrás. Nadó hasta que las nubes engulleron la luna y ya no se oían más voces. 

©Mikel Aboitiz


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