28 sept. 2011

Visto en Berlín...: en la Dirckenstraße


¿Un niño?¿Ya un adulto? En todo caso está encerrado. En una cárcel bajo los arcos que sostienen la vía del tren en la Dircksenstraße. Un tramo de calle con dos aceras separadas por una calzada por donde circulan coches continuamente, formando una frontera móvil entre ambas. A un lado esperan los restaurantes y locales bien montados, de caras pintadas y arregladas para el turista. Al otro lado el hombre-niño tras los barrotes, en la dejadez de ladrillo y fachada descuidada que sostiene el tren. El hombre-niño muestra a primera vista su faceta más infantil, cuando sus grandes ojos se confunden con la inocencia. Pero en un examen más detallado no se escapa cómo aprieta los dientes. Ya no es un muchachito, es un hombre aterrorizado, semisepultado bajo un manto de espaguetis, de mugre. Sus ojos persiguen como una mala conciencia. Mejor continuar, da igual si calle arriba o abajo, donde hay más restaurantes o centros comerciales. Mejor dejarlo recluido tras los barrotes oxidados, no se vaya a escapar y mancharnos con sus espaguetis y con su mirada que ya no cabe en sus ojos alucinados y se posa en el hombro del ciudadano atento que sabe mirar y ver. Y entra con él en los centros comerciales y en los restaurantes para comerse con la vista las migajas que le sobran.

   ©Mikel Aboitiz

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