2 feb. 2012

Dicho...«¡Que te den morcilla!»



«¡Que te den morcilla!»


Esta sonora expresión es prima hermana de otras que están cayendo en desuso como el higiénico ¡vete a hacer gárgaras! o el también culinario ¡vete a freír espárragos! Su origen, a pesar de no parecerlo, es canino. Esto no debe de llevar a error, no: la morcilla, de cerdo. Lo del perro viene luego. Sin entrar en qué ingredientes componen la morcilla clásica, o sea, pasando de un tranco por disputas vanas sobre si con o sin cebolla, que de León o de Burgos, el asunto es que un perro puede ser el mejor amigo del hombre. Pero también su peor enemigo, especialmente cuando tiene la rabia o cuando se pone enconadamente molesto. Cuando aún no había empleados municipales encargados de capturar a los perros sin dueño, la forma habitual de deshacerse de estos animales era dándoles de comer una morcilla envenenada. De modo que ¡que te den morcilla! rebaja la condición humana a la canina (algunos ni esta se merecen) e implica unos muy sinceros deseos hacia quien va dirigida. Llegados a este punto, convendrán conmigo en que es estéril discutir si con o sin cebolla.


©Mikel Aboitiz

                                      

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