7 feb. 2012

Visto en Berlín...: Amanece en el Kaiserdamm





Visto... amanece en el Kaiserdamm

  A veces el cielo se enciende. Arde por encima de los tejados sobre la ciudad que no bosteza, pero estira sus miembros —se abren puertas, los camiones descargan en los supermercados, las cafeteras destilan droga negra, las duchas flagelan pieles con sus primeras aguas heladas—. El Kaiserdamm se despereza mirándose en las aguas gélidas del lago, del Lietzensee, empezando otro día más, sin atender al incendio inverso que lo cubre. Sin prestar atención al fuego que se consume por encima del tráfico, de las fachadas, recortadas sobre ese incendio que no quema, que no arde y que, sin embargo, recuerda que todo el Kaiserdamm, que todo Berlín, cabe en el puño de un cielo enorme y caprichoso que finge quemar cuando solo acaricia como un suave buenos días nada más saltar de la cama. Antes de meterse a la ducha. Antes de poner el café y prepararse para el veneno diario sin más tiempo de alzar la vista.


©Mikel Aboitiz

                                      

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