30 may. 2012

En menos de 101 palabras



Traspié

Se entrenaban para estar muertos. En ausencia del jefe, los aprendices entrelazaban las manos sobre el regazo, o aguantaban sin pestañear muchos segundos, tumbados en un féretro de muestra. Luego se carcajeaban. Cosas de chiquillos, pero eran adultos y se aburrían en la funeraria. Un día, les llegó su primer muerto. Fue de película, pues entró por su propio pie: un anciano resbaló con una monda de plátano colocada por ellos de broma en la entrada. Falleció en el acto. Entonces, los jóvenes, asustados, supieron lo bien que habían entrenado al quedar perfecta e impecablemente muertos. Muertos de miedo.

©Mikel Aboitiz



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