16 jun. 2012

En menos de 101 palabras


El inconsciente sí trabaja

Horarios, nómina, jefe...¡al carajo! De un manotazo derribé el despertador y seguí durmiendo con la almohada sobre la cara. Hasta que oí el timbre de la puerta, acompañado de sonoros puñetazos. Corrí en pijama y abrí de golpe, el pelo revuelto, los ojos legañosos, pujando por reconocer aquella silueta enmarcada entre las jambas de la entrada. Se trataba del jefe, el Supremo. Me quedé paralizado, sin saber dónde me encontraba. No es tan sencillo mandar todo al cuerno. El inconsciente vigila, así es que recogí el despertador del suelo y fui de cabeza a la ducha.

©Mikel Aboitiz

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