30 jun. 2012

En menos de 101 palabras


El ayunador

¿No me habían dicho que viniera en ayunas? Pues así llegué, muertecito de hambre, dispuesto a comerme una vaca; preparado para los análisis. No temo a las agujas, pero preferí dirigir la vista a lo largo de las piernas de la enfermera. Al intentar incorporarme, un leve mareo me hizo vacilar, pero ella ya me estaba sonriendo muy de cerca, ¡qué boca!, mientras me ponía una tirita y aconsejaba que esperara sentado un rato. La vi alejarse rasgando la penumbra del pasillo con su cálida silueta y, apretando la tirita, me pregunté cuándo demonios terminaría mi ayuno.


©Mikel Aboitiz


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