3 jul. 2012

Microrrelato



Nuestro pequeño búnker

«Además, el pollo rebozado siempre humea demasiado.Tengan en cuenta...». Apagó la radio y se puso a vigilar las idas y venidas de su marido del jardín a la casa. Desde el estallido de las hostilidades no paraba, ensimismado en su tarea de cavar y meter sacos de tierra en el sótano. «Un búnker —repetía orgulloso— seremos los jubilados con el mejor búnker del barrio». Clara conectó otra vez la radio: «no subestimen la potencia destructiva de un bacalao al pilpil». Se acercaba la guerra de los alimentos y su marido lo disfrutaba como un chiquillo: «cariño, ¡ni una lluvia de chistorras podrá con nuestro búnker!».

©Mikel Aboitiz

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