14 jul. 2012

Microrrelato


La muerte verde

No era verdad que la muerte verde pudiera llegar de repente, paralizándote allí donde estuvieras. Aquello no podía ser cierto. La radio bajo la manta mentía. Mis padres guardaban silencio, en la habitación al final del pasillo, ese túnel por recorrer, de paredes iluminadas al capricho del televisor. No se oía más que el crujir de la madera bajo mis pies descalzos, el precavido, lento arrastrar de mis pasos y la nevera susurrando una nana monocorde desde la cocina. Muerto de miedo llegué hasta la puerta del salón. Papá y mamá, frente a la tele, con el sonido quitado, me daban la espalda. Yo no hacía ruido al acercarme. Ellos no movían ni un músculo. Gateé sigiloso sobre la alfombra de rayas conteniendo la respiración. Mis padres parecían paralizados. En la pared el viejo reloj juntó fuerzas para dar las dos. ¿Acaso no respiraban? ¿Qué significaba ese mutismo? Al moverme para ver sus caras, choqué contra una silla y un grito desgarró el silencio.  

©Mikel Aboitiz

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