25 oct. 2012

Visto en Berlín...: Mirando las aguas del Lietzensee



  Este joven tiene la mirada perdida en las aguas del lago, del Lietzensee. Una luz favorable y tibia ilumina la piel de bronce, el cabello bien cortado, casi repeinado, de este eterno muchacho con casi setenta y cinco años de juventud. Nació en una fecha redonda, 1940, de manos de Bernhard Bleeker (1881-1868) quien confeccionó veinticinco bustos del Führer. Pero no estamos aquí para hablar de padres y sus pecados, sino del sol otoñal que bruñe el pecho del muchacho ensimismado en las aguas quietas del lago.
Dando una vuelta en torno a la figura se observa el bronce manchado por borrones de pinturas: no le desmejoran. Al contrario: le dan un aire de superioridad sobre tiempo y modas. Un aura de experiencia involuntaria le rodea. Si fuera de carne y hueso se trataría de un joven de cuerpo escultórico. Como es de bronce andaremos el camino inverso, otorgándole cualidades humanas. Ya le hemos atribuido la experiencia que dan los años. De su padre y sus pecados no queremos hablar. De sus hermanos, esos veinticinco bustos siniestros, tampoco. Mejor pues dejar la familia aparte. Y sin embargo, sabiendo sus antecedentes hay algo que nos inquieta, ese punto del que en vano rehuimos hablar: su belleza manchada de pasado. Ese injusto estigma que empaña su perfección. Pero, ¿son acaso culpables los hijos de los pecados de sus padres? Me giro a mirar el Lietzensee con el joven, buscando en sus aguas una respuesta. ¿Dónde está? ¿Quién la tiene?

©Mikel Aboitiz



2 comentarios:

  1. Definitivamente no, ni los hijos de los de los padres, ni los padres de los de los hijos.

    Un abrazo,

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    1. Gracias, Pedro, por seguir leyéndome y dar una respuesta.

      Un abrazo

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