18 ene. 2013

Relato: Modelo de pruebas


Modelo de pruebas

Eructa y se seca con la manga los restos de agua de la boca. Beber tanto líquido le obliga a ir al baño constantemente, un incordio más, sumado al esfuerzo de quitarse la faja-braguero de gimnasia estática Thompson. Orina concentrado en el horizonte blanco de la pared sobre el mar gris y cuadriculado del alicatado, pensando que en una semana ha perdido tres kilos.

De vuelta al dormitorio ahueca la almohada y se ajusta la Thompson. El cosquilleo en la cintura le adormece más y más, hasta hacerle perder de golpe todos los kilos innecesarios: ha comenzado a soñar que es un tipo normal, delgado, que se acerca a las chicas de la piscina haciendo valer una sonrisa sin complejos. Sus ronquidos ahogan el ruidito de la faja-braguero pero eso no lo oyen las muchachas de la piscina, que, a lo sumo, perciben el molesto runrún de un cortacésped rugiendo al fondo, mientras ellas descansan bronceándose al sol.

En su cintura, la Thompson continúa su trabajo con sencillez, como si el interior de la faja no contuviera una miríada de cables conectados al enchufe. La Thompson & Hucks Ltd., la empresa para la que trabaja, pronto comercializará el prototipo de faja-braguero adelgazante que él prueba. Debe perder peso a toda costa, por eso ha bebido litros y litros de agua en lo que va de día. Sin embargo, ahora no piensa en nada de eso, solo ronca y extiende bronceador sobre una espalda femenina, pecosa, suave, perfecta.

El sol rebota en las aguas azuladas de la piscina, cuando se le corta la respiración en medio de un ronquido. La muchacha tendida en la toalla levanta la cabeza satisfecha, doblemente satisfecha: con el cortacésped que por fin se ha parado y con él, el mejor masajista posible. Le sonríe y saca una bebida del bolso. Él la acepta aunque se siente lleno, como si hubiera acabado con las existencias de cerveza de todo el bar de la piscina. De hecho, necesita imperiosamente ir al baño. Un apuro repentino, incontenible, le obliga a disculparse y a correr entre toallas esquivando a un tipo enclenque con un silbato. «¿No eran todos los socorristas unas bestias musculosas?», se pregunta al alcanzar el servicio. Se relaja. Su vejiga, también se relaja. De pronto siente un calambrazo y luego un ruido. Han saltado los plomos. Despierta con el braguero mojado. Se lo quita apresuradamente y no sabe qué le duele más, si haber abandonado la piscina, la vergonzosa infamia líquida que le corre piernas abajo o el perder a la chica de las pecas. En todo caso, el prototipo de braguero necesita un mejor aislamiento. Y él, una ducha.
©Mikel Aboitiz

2 comentarios:

  1. muy bueno. Podría haberse electrocutado y pasar a tener una ereccíón permanente. Sería, en términos médicos, un hallazgo

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    1. Gracias por tu comentario, Garriga. En este caso era tan solo un modelo de pruebas. Si lo que buscas es algo más relacionado con el priapismo, te remito a esta otra entrada. No se trata de un modelo de pruebas sino, más bien, un modelo para montar uno mismo.
      Un saludo transatlántico. Aquí el enlace:
      http://lalenguasalvada.blogspot.com/2012/05/relato-soga-papel-y-boli.html

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