4 abr. 2013

Relato breve


Confesiones de una zanahoria

Mis compañeras me acababan de poner a caldo: que si ya no era lo que era, que si estaba más arrugada que una momia, que vaya piel más pálida, forastera... Tal vez por eso mismo me seleccionaron. A mí y a un puerro (este sí que estaba arrugado). Nos tomaron con guantes de látex y pensé: «Me van a hacer un lifting». No paré de repetirme «Me van a hacer un lifting». Hasta puse música de fandango a la frase (con tomatito a la guitarra, claro). Luego nos rehogaron y convirtieron en caldo. Ahora me siento relajada, como diluida. En armonía con el Universo y deseando salir al exterior. Pero, disculpen, no deseaba estropearles la comida. ¡Que tengan buen provecho!



©Mikel Aboitiz

 


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