8 abr. 2013

En menos de 101 palabras


En formación


Que se arrime un poco más al borde de la cama, que no tenga miedo del anciano agonizante, de sus ojos desorbitados ni de la palidez de su rostro. Debe aparecer imponiéndose. Sin timidez. Nada de aprensiones ante las enlutadas que rezan el rosario o dudas frente al temblor sarmentoso de las manos del enfermo. Que se arrime, ¡que se acerque ya! Pero, ¿quién recluta a estas aprendices? ¡Rodrígueeeez! Que le quiten la hoz y se busque otra cosa. ¡Ejército de incompetentes! Y llamen a Dolores, que esa sí que es cumplidora. Inclemente, pero cumplidora. 

©Mikel Aboitiz


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