11 mar. 2017

Otra historia de abogados

Ante todo, mucha calma


«Das deutsche Volk!», vocea Honorio, mientras el exorcista, a pie de cama, quita hierro al asunto ante la esposa: «La concurrencia de factores laborales, el actualizar las cuentas del bufete, le ha abocado a este estado de posesión. Démosle tiempo. Varios son los diablos que por él pasarán». El cura saca una piruleta de la sotana excusándose, «Estoy dejando el tabaco», e ignorando el grito aflautado y solemne de Honorio, «Españooooles», le rocía con el hisopo. Se hace el silencio y el cura admira la frágil transparencia de la piruleta a la luz de un rayo de sol que se cuela por la persiana, tiñendo de rubio el cabello del poseso. En su rostro, anaranjado y rígido como un cartón, nace una mueca de desprecio: «You little mexican!!!». Se hace el silencio y el cura asiente satisfecho: «Lo tenemos. Pronto será el abogado de siempre. Lo peor ya ha pasado».


©Mikel Aboitiz

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