10 ene 2024
8 ene 2023
Otra historia de abogados
Infiltrado
Tras sangrientas jornadas de confrontación, los atacantes tomaron una resolución: sitiarían la ciudad. Era consenso general que pronto se rendirían. Meses después, un grupo de abogados de la ciudad rodeada, comenzó a mediar en el conflicto. Pasado un año, los asediados parecían alimentarse del aire y los abogados redactaban alternativas tan infructuosas como los intentos de romper la muralla. Finalmente, Leodardo Da Bici, un inventor llegado misteriosamente de tierras lejanas, entregó al ejército atacante los planos de una costosa catapulta capaz de convencer a los abogados de aceptar una rendición inmediata. Sin embargo, el gobierno de la ciudad decidió resistir mientras se construía el artefacto, con gran menoscabo de las finanzas de los atacantes. Finalmente, el invento resultó ser un ruinoso engaño y los abogados, con Leonardo de Victoria a la cabeza —pues ese era su verdadero nombre—, brindaron en la torre del homenaje viendo retirarse al ejército invasor.
©Mikel Aboitiz
16 oct 2022
Salvaje informa
Salvada,
nuevamente bajo el seudónimo de Mikel Aboitiz, se ha colado entre los
finalistas del mes del concurso de microrrelatos de La Red de Abogacía.
Aquí el enlace de su microrrelato:
13 mar 2022
Otra historia de abogados
El sustituto
Su condena: vivir
atado a la mujer del circo en el interior del carromato donde le era imposible
la conciliación de su tarea de abogado con la de sustituto del cuidador de
fieras. Sin embargo, aquellas penurias le daban igual con tal de estar con
ella. De hecho, cuando Sergéi se reincorporó, dejándolo sin trabajo, se resignó
a sustituir al malogrado hombre bala. Cupido había desgarrado de un flechazo su
incipiente carrera de letrado, pero qué era aquello comparado con compartir las
noches junto a ella, arropados, adormecidos por los bostezos de los leones y el
batir del viento contra la lona del circo. Para combatir el miedo a volar,
recitaba de memoria artículos del Código Civil, mientras los timbales doblaban
y el público acechaba. Y tras aterrizar, ella lo esperaba, ansiosa, inmóvil
como una diosa, dejándose admirar bajo el cartel de luces que anunciaba a la
mujer barbuda.
©Mikel Aboitiz
5 jun 2021
Salvaje informa
9 mar 2021
Salvaje informa
19 sept 2020
Salvaje informa (otra historia de abogados)
8 ago 2020
Otra historia de abogados
CAUSA COMÚN
—¡Quiero el divorcio! ¡Ayúdeme!
Él le tiende un pañuelo con delicadeza:
—Cálmese. Para eso estamos los abogados, para ayudar y dar apoyo.
—Lo que cuenta, dijo, es combatir el hambre y fortalecer lazos con los países más desfavorecidos. Lo que no dijo —las perlas de su collar brillan, encendiendo una pausa antes de proseguir— es que se iba con otra. Le creía en África y está en Mónaco con esa… ¡Viviendo de gran hotel!
—¿Tiene pruebas?
—Estas —del bolso extrae unas fotos que desparrama sobre el escritorio.
El abogado palidece al reconocer a la acompañante del marido. Es peor que pincharse con la aguja de un inmenso pajar. Recuerda una conversación con su esposa sobre cooperar, desarrollo y solidaridad. Levanta la vista y la clava en la mujer del collar. Ha nacido una alianza:
—Pierda cuidado: no les va a quedar ni para la propina del botones —yo me encargo.
©Mikel Aboitiz
9 jul 2020
Otra historia de abogados
Homenaje
Acusaban a mi defendido de robar parte del cielo para entregarla a los hombres. No soy experto en Derecho Eclesiástico ni dueño de mis pesadillas, pero la toga me pesaba como remo de galeote y sudé en aquella siesta más que un Cristo recién crucificado. El acceso a la sala para la causa oral fue una eficaz obertura dedicada a facilitar el recitativo de testigos. Mi cliente tamborileaba con los dedos sin paz, en magnífico contrapunto con su rostro tranquilo, coronado por una peluca blanca. El fiscal modulaba sus intervenciones con amenazadora voz de bajo profundo, acusándolo con pasión de saqueador de firmamentos. Tomé la palabra acechado por el rumor coral del público, sintiéndome como un solista mudo a punto de atacar un aria. El sonido de la aguja golpeando al final del vinilo acabó por despertarme con un repetitivo «clac, clac» o talvez fuera un «Bach, Bach», quién sabe.
©Mikel Aboitiz
17 jun 2020
Otra historia de abogados
Sospechoso vaso de plástico
Traté de conservar la mirada fija en el inoportuno vaso de plástico lleno de agua sobre la mesa del ponente. Tomé aire y grité en medio del público mis consignas contra la pesca del pez Napoleón. Abogados furibundos, seguratas llevándose la mano a las porras y un «¡oh!» como un rugido de mar vertido sobre la escena, fueron recogidos por las cámaras de televisión: segundos de gloria conmigo en el centro en la tercera conferencia anual de abogados por el medioambiente.
Me detuvieron por desorden público y otros cargos absurdos que mi letrado rebajó con ayuda de un excelente perito psiquiatra. Una multa saldó mis deudas con la justicia, pero a raíz de aquello mi esposa sugirió el divorcio. No puedo decir que me sienta orgulloso ni que mi matrimonio sea especialmente feliz. Sin embargo, para la próxima conferencia, me colaré para dedicar unas palabras al tigre de Sumatra.
©Mikel Aboitiz