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12 ene 2021

Otra historia de abogados

 Opiniones de un empresario circense

Camareros, taxistas, limpiadores, algún fontanero desubicado. Multitud de gentes dispuestas a volver a empezar, a disfrutar de una segunda oportunidad. Empleados de seguros, ciudadanos tocados por la pobreza, ricachones bañados en oro. Todos por erradicar esta lacra de pandemia global. Historiadores mostrando el pasado: guerras, hambrunas. Psicólogos explicando la resiliencia, los mecanismos del olvido. Y mi teléfono suena y suena. Junto a él, una orden de embargo. Mis últimos trapecistas se cayeron del ERTE. Mi abogado llama y llama. Carezco de recursos. No sé cómo pagar la comida de las fieras. Suena y suena el móvil. Es un timbal  sacudiéndome el cerebro en esta resaca de impagos. Anuncia el fin con estruendo de doble salto mortal (¿mortal?, nunca mejor dicho), pero yo me resisto. El espectáculo continuará, ¡reabriré! ¿Cómo? ¿Con quién? No sé. De momento aquí solo quedamos mi abogado y yo, un payaso optimista.

©Mikel Aboitiz

9 oct 2020

Otra historia de abogados

 Cuestión de fe

«En la salud y en la enfermedad…». Agachó la cabeza y cerró los ojos, repasando ahí mismo su carrera de abogado que a tantas vidas le diera acceso. Por su profesión, conocía vericuetos verbales, fórmulas ineludibles en que plasmar contratos y cómo estos luego eran rotos en pedazos. Por eso, sin dejar de vigilar la pregunta que le formulaban, evocó a su abuela, siempre dispuesta a proteger al nieto, recordándole dichos populares, («¡Escarmienta en cabeza ajena!»), inculcándole valores que la sabiduría de la edad le otorgaba. Rememoró también la entrada en el colegio, algunas primeras novias esquivas, detalles biográficos que estallaron veloces en su mente como ocurre en trances de muerte. Pensó en cuando la conoció a ella y apretó aún más su mano, antes de revivir el rostro admonitorio de la abuela, abrir los ojos y contestar con la voz firme de un buen abogado matrimonialista: «Sí, quiero».

 

©Mikel Aboitiz

8 ago 2020

Otra historia de abogados

CAUSA COMÚN

    —¡Quiero el divorcio! ¡Ayúdeme!

Él le tiende un pañuelo con delicadeza:

  —Cálmese. Para eso estamos los abogados, para ayudar y dar apoyo. 

  —Lo que cuenta, dijo, es combatir el hambre y fortalecer lazos con los países más desfavorecidos. Lo que no dijo —las perlas de su collar brillan, encendiendo una pausa antes de proseguir— es que se iba con otra. Le creía en África y está en Mónaco con esa… ¡Viviendo de gran hotel!

  —¿Tiene pruebas?

  —Estas —del bolso extrae unas fotos que desparrama sobre el escritorio.

El abogado palidece al reconocer a la acompañante del marido. Es peor que pincharse con la aguja de un inmenso pajar. Recuerda una conversación con su esposa sobre cooperar, desarrollo y solidaridad. Levanta la vista y la clava en la mujer del collar. Ha nacido una alianza:

  —Pierda cuidado: no les va a quedar ni para la propina del botones —yo me encargo.

©Mikel Aboitiz