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22 oct 2011

Visto en Berlín...: en la Goethestraße


Este camión avanza a toda velocidad en dirección a la Wilmersdorfer Straße recorriendo la Goethestraße, una calle con una parte tranquila, de adoquinado ruidoso y tráfico escaso. Aquí, la Goethestraße se toma un respiro llenándose de pequeños comercios bien cuidados, antes de prestar sus aceras al aparcamiento de los grandes almacenes Karstadt o a una gran librería con cómodos asientos y enormes lagunas. Estas lagunas no son aptas para el baño (al camión todo esto le da igual) pues sus aguas son de falta de autores y de ausencia de títulos indispensables. El camión mira desde la acera opuesta a esta librería, retando las leyes de la física, pues circula recto y, al tiemo, parece dar una curva loca, como si fuera un personaje salido de unos dibujos animados. Gira el morro mostrando el frente de la cabina al pasante para hacerse ver o, tal vez, realmente no luche contra las leyes de la inercia al trazar su curva imposible sino que, simplemente, quiere dar la vuelta y aparcar junto a la terraza del Lisboa a ver si su chófer se toma un café y, de paso, se le pega algo del sol peninsular que a menudo brilla allí por las mañanitas.

©Mikel Aboitiz

10 oct 2011

Visto en Berlín...: en la Pestalozzistraße



 Entre un desorden de bananas se sienta cómoda la muchacha del pelo rojo. Falda corta, ajustada, ombligo al aire, mirada pícara y melena al viento que como un vendaval se ha levantado desde Karl-August Platz. Desde el mercadillo de esa plaza le llegan aromas a tradición y productos de la tierra que, raudos, cruzan la Pestalozzistraße, revolviéndole la melena a la joven que se mantiene un poco ajena a estas inclemencias. Podría haber elegido una de las múltiples terrazas para ponerse cómoda y disfrutar por ejemplo de la mejor comida persa (al mejor precio) de Berlín con solo cruzar la acera y pedir algo en el Karun, pero ella es muy suya. Prefiere su camioncito desde el que también puede vigilar el cruce con la parte peatonal de la Wilmersdorfer Straße en la que se agolpan grandes almacenes, músicos de cualquier pelaje, actividades promocionales y toda suerte de ciudadanos medios, instalados sobre la panza de una curva de Gauss trazada en el barrio de Charlottenburg. La pelirroja prefiere observar, sonreír picarona y no pararse a tomar nada para cuidar la línea, que es la mejor forma de mimar sus propias curvas.

©Mikel Aboitiz