8 feb. 2013

Otra historia de abogados


Zahorí entogado


Peláez, nieto y vástago de zahoríes, rompió con la tradición famliar al hacerse abogado. Al principio se mostraba muy tímido con nosotros, sus colegas. Luego tomó confianza y comenzó a dejarnos tiesos como carámbanos, petrificados de admiración, ante su gran olfato para moverse entre vericuetos legales. Parecía guiado por una brújula infalible que, a velocidad de vértigo, le mostraba el camino jurídico a seguir. Un día descubrimos la clave de su éxito, cuando por descuido, dejó asomar bajo su toga una minúscula vara de avellano en forma de «y». Nadie comentó nada, hasta que pleiteó contra la inmobiliaria en el caso de las corrientes subterráneas. Ganó a base de constancia, perseverancia, ahínco y tesón, mucho tesón. A partir de entonces, le llamamos Peláez el vara y ahora, en las fiestas del bufete, saca sin arrobo su horquilla de avellano para guiarnos hasta el güisqui escondido del jefe. 



©Mikel Aboitiz


2 comentarios:

  1. ¡Muy bueno!

    Gracias por el relato. Un saludo muy cordial.

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  2. Tan divertido, ocurrente e ingenioso como la varita de zahorí escondida bajo la toga. Grande. Un saludo.

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