4 jul. 2013

Relato





Descompresión

Abandona las maletas y se tumba boca arriba. Queda sobre la colcha azul marino descansando la vista en el techo como un náufrago expuesto a la inmensidad del cielo. Observa una grieta apenas perceptible reptando hasta la lámpara, la moldura recogiendo en sus volutas de escayola el canto ensimismado de las cigarras que se cuela por la ventana abierta; el escritorio, una cómoda, su espejo ovalado, la silla, otra vez la cómoda. Pero en el espejo... Ese óvalo de azogue gastado esconde algo inquietante. Se incorpora y las cortinas, empujadas por una brisa impropia a esa hora de la siesta, se hinchan y alargan sus dedos de tela rozándole, advirtiéndole que no se levante y mire en él. Demasiado tarde: la palidez espectral del rostro, los cañones de barba amenazantes, los ojos enrojecidos, confirman la presencia del fantasma. Horrorizado, se lanza de nuevo sobre el mar azul de la cama para flotar sobre ella como flotan los muertos, colgando sus recuerdos en la percha del olvido: el cansancio, las jornadas continuas sin tiempo libre, el no saber qué son vacaciones. Sin embargo, ahora, por fin, las tiene. Es hora de disfrutar. Comenzará por afeitarse y darse una buena ducha.

©Mikel Aboitiz




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