8 ago. 2013

Otra historia de abogados


Benedetto y el consuelo

  —Tomá, que el no tomar tampoco soluciona los problemas —insiste Benedetto desde detrás de la hiedra canosa de sus barbas mientras llena los vasos.
Le han caído quince años —se lamenta el recién estrenado criminalista—.¡Quince!
El espejo del bar, envejecido y moteado como la piel de Benedetto, refleja a ambos abogados. En la neblina del azogue, el joven apura su copa en persecución del olvido.
Venga, boludo, ¡arriba esa profesionalidad! —el barbudo pasa un brazo por los hombros del joven—, ¡que no te venza el embargo!
Tanto esfuerzo para nada,... Lloraría como un bebé...
Mirá —corta el laboralista— yo estoy todos los días, ERE que ERE, dándole a los despidos, al cuete, sin lucro, casi de balde, como vos decís.
Tienes razón, Gardel, bebamos.
¡Por los sinsabores del oficio! —y un brillo áureo asoma en la amarga sonrisa de Benedetto al brindar.

©Mikel Aboitiz


 

2 comentarios:

  1. Yo también quiero brindar por tus relatos. Me gusta cómo enlazas palabras. Salud

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    1. Gracias por animarme de nuevo con un comentario, especialmente ahora que veo que es posible que este blog pierda continuidad por falta de tiempo. Gracias de nuevo.

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