6 feb. 2015

Otra historia de abogados




- Proceso interior -

  La pared desconchada con el calendario atrasado aferrado a una escarpia como un buque anclado hundido en el pasado. Incluso las cortinas amarillentas de tabaco cubriendo esa ventana, condenada a albergar un breve paisaje de ladrillo, evocan al abogado el largo estado de abandono de su padre antes del asilo. El olor a cerrado de la casa paterna busca cobijo en su recuerdo: Siempre una visita breve, un fenómeno puntual y molesto como una verruga crecida en la memoria: «Ya ves, papá. Mucho trabajo en el bufete; ¿y tú? Cuéntame» y el anciano, estirando un silencio, volvía la vista a la ventana, dejando desmoronarse la ceniza del cigarro sobre el parqué. Él, el hijo –fiscal de sí mismo en el piso deshabitado–, escudriña el suelo enfrentándose al reproche mudo del padre perdido, nivela el calendario y se marcha, echando en falta un abogado que le defienda de sus fantasmas.

©Mikel Aboitiz


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