9 abr. 2015

Otra historia de abogados


Baches -

«¡Adelante!». Entra García: «Se trata de la suspensión, don Mario, me dijo que llamara...». «¿Suspensión?¡Vaya frescura! —salta don Mario, pipa en alto—. Es una quiebra de tomo y lomo. ¡Una quiebra disfrazada de suspensión de pagos! Qué evidencia, mi joven abogado. ¡Caraduras! —continúa exaltado don Mario, acalorado tras una espesa nube de humo dulzón—. ¡Caraduras sin previsión ni principios contables! Y luego, ¡hala!, negocia con la Junta de Acreedores». García boquea, solo acierta a mover las manos como apretando tuercas imaginarias. «Exacto, ¡apretémoles! —ataja con su vozarrón don Mario exprimiendo la cazoleta de la pipa— ¡Ni el indulto les vamos a dejar! Gracias, García. Retírese». El joven sale cabizbajo del despacho. La secretaria le sonríe cómplice: «No te ha dejado ni decir mu, ¿verdad?». «Imposible. Encima, me encargó hablar con el taller...—resopla García contrariado—. Dile de mi parte que se acabó.¡Que fin! Que su Audi se ha quedado sin suspensión».

©Mikel Aboitiz

2 comentarios:

  1. Lo vuelvo a leer y me gusta más.

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    1. Gracias, Iñaki. No pasó a la final del concurso de abogados (condiciones: max. 150 palabras, entre ellas: previsión, joven, evidencia, indulto, suspensión y un tema relativo a los picapleitos, claro)

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