Mostrando entradas con la etiqueta Aragón Radio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aragón Radio. Mostrar todas las entradas

4 jul 2018

Salvaje informa


    En esta ocasión, Salvada bajo su seudónimo de Mikel Aboitiz, ha llegado de nuevo a la final semanal de El relato imposible de Aragón radio, con el relato En bucle.

Felicidades al ganador





EN BUCLE


Lo único que recuerdo de aquel lugar —luego me dijeron que fue en San Lorenzo de Flumen— era el frío del sótano entre sacos de patatas y la música de mi secuestrador que, para someterme, no paraba de poner en bucle los grandes éxitos de Julio Iglesias. Día y noche. A la luz perenne de una bombilla, sumida en olor a humedad, perdí la noción del tiempo. Mi ritmo vital lo marcaban las latas de fabada que consumía y sus ruidosos efectos en pugna con el «Bamboleo». Allí dentro me movía menos que un Koala reumático. Así es que a falta de ejercicio y con la dieta asturiana, cuando me rescataron los geos, pesaba diez kilos más y me había convertido en una señorita, porque en mi largo cautiverio pasé de niña a mujer. Una vez liberada, insistieron en ponerme una sicóloga. Yo les dije que no, que no se preocuparan, que no pensaba ir presumiendo por allí de víctima, que la vida seguía igual, que pronto olvidaría y que no me iba a echar la culpa a mí misma, que sabía que mi raptor no era un señor, sino un truhan. No entiendo por qué, no me hicieron caso.

©Mikel Aboitiz

7 jun 2018

Salvaje informa

    En esta ocasión, Salvada bajo su seudónimo de Mikel Aboitiz, ha llegado a la final semanal deEl relato imposible de Aragón radio, con el relato La Entrevista.


Si deseas escucharlo pincha aquí y ve al minuto 21.43


La entrevista

Un monte albergaba el caserón de mi suegra en ciernes, al que llegué tras superar un puente de hierro y un sinfín de temores que me producían cosquillas en el estómago. Iba a conocerla presentándome sola. Toqué el timbre, pero no fue necesario. Ella esperaba al acecho. La puerta se abrió tan veloz como el descorrer de la cortina de la ducha de Psicosis. En mi cabeza sonaron violines como sierras. Su mirada me recorrió como un escalofrío de arriba abajo, antes de mostrarme unos dientes amarillos de bienvenida y tenderme una mano pétrea. La seguí por el pasillo hasta una sala. El té listo y unas pastas duras, coetáneas de la momia de Tutankamón, confirmaron la temeridad de presentarme allí. Mis trabajos siempre fueron precarios; laboralmente soy deportista de maratón, especialidad 42 entrevistas de trabajo por año. Ninguna se acercó a aquello.

Abandoné el caserón con el sol puesto, las manos sudorosas y un vértigo de espanto. En ese tiempo me aclaró quién movía los hilos en la familia. De pequeña siempre hui de titiriteros. Odiaba las marionetas. Por eso, esa misma noche, corté todos los hilos.

©Mikel Aboitiz