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4 jul 2018

Salvaje informa


    En esta ocasión, Salvada bajo su seudónimo de Mikel Aboitiz, ha llegado de nuevo a la final semanal de El relato imposible de Aragón radio, con el relato En bucle.

Felicidades al ganador





EN BUCLE


Lo único que recuerdo de aquel lugar —luego me dijeron que fue en San Lorenzo de Flumen— era el frío del sótano entre sacos de patatas y la música de mi secuestrador que, para someterme, no paraba de poner en bucle los grandes éxitos de Julio Iglesias. Día y noche. A la luz perenne de una bombilla, sumida en olor a humedad, perdí la noción del tiempo. Mi ritmo vital lo marcaban las latas de fabada que consumía y sus ruidosos efectos en pugna con el «Bamboleo». Allí dentro me movía menos que un Koala reumático. Así es que a falta de ejercicio y con la dieta asturiana, cuando me rescataron los geos, pesaba diez kilos más y me había convertido en una señorita, porque en mi largo cautiverio pasé de niña a mujer. Una vez liberada, insistieron en ponerme una sicóloga. Yo les dije que no, que no se preocuparan, que no pensaba ir presumiendo por allí de víctima, que la vida seguía igual, que pronto olvidaría y que no me iba a echar la culpa a mí misma, que sabía que mi raptor no era un señor, sino un truhan. No entiendo por qué, no me hicieron caso.

©Mikel Aboitiz

8 dic 2011

Dicho...«A buenas horas, mangas verdes»



«A buenas horas, mangas verdes»

Esta expresión, utilizada para dar a entender que la ayuda ofrecida llega demasiado tarde, se remonta a los tiempos de la Santa Hermandad, una especie de policía rural de la época (se creó hacia mediados del siglo XV) cuya jurisdicción residía en campo abierto, esto es, fuera de las poblaciones. Su objetivo era perseguir a los delicuentes e incluso juzgarlos sumarísimamente. Para lograr sus fines, la Santa Hermandad se financiaba mediante la sisa, un impuesto indirecto (una especie de IVA de antaño) sobre el consumo de ciertos bienes. Este tribiuto funcionaba de tal manera que se pagaba una medida de un producto y por dicho desembolso se obtenía una cantidad inferior a la pagada. La diferencia era la sisa. Pero para que se difundiera el dicho de «a buenas horas, mangas verdes» dos hechos son relevantes. El primero es el aspecto del uniforme de la Hermandad: las mangas de la camisa quedaban al descubierto y eran verdes. Con esto queda despejado a medias el origen del dicho. El segundo y definitivo: tenía fama la Hermandad de llegar siempre demasiado tarde, cuando el villano ya había huido o el mal era irreparable. Con todo, hasta dejar de existir en 1834, la Santa Hermandad tuvo una larga vida. Y el dicho –más longevo que la propia institución–, perdura hasta hoy, como también la sucesora de la Santa Hermandad, la Guardia Civil, fundada en 1844. Ahora bien, originalmente, el color del uniforme de la Benemérita era azul.

©Mikel Aboitiz