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19 sept 2021

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Malos tiempos

Descansa durante el día tumbado en su ataúd, las manos sobre el pecho. La respiración, tranquila, pero silbante, delata su presencia en la oscuridad de la habitación. En la boca, una férula especial le protege los dientes. ¡Ay esos colmillos!, capricho de su dentista. Pálido y ojeroso se levanta al caer la noche, presa  de una rutina alejada del glamur del cine, contentándose con sangres no humanas. Viste a lo pobre. No tiene capa ni castillo. En sus sueños diurnos una princesa, de las de antes, ofrécesele a cuello descubierto. Sin embargo, ha de conformarse con mascotas despistadas y este siglo XXI de mierda                                                                                                                                                                     

     ©Mikel Aboitiz

16 mar 2021

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 Colonialismo y desamor

Sus deseos de comprarlo todo en Marte me sacaban de quicio. Las zapatillas de intervalos, el abrelatas iónico, cada puñetera nadería se la hacía enviar desde allí. Evitaba las tiendas de barrio. Despreciaba la polución intergaláctica. Los hombrecitos verdes también tenían que ganarse la vida, argüía con sorna. Había que ocupar a selenitas y otros seres encargados de las bases de aprovisionamiento y transbordo que iban y venían, para evitar que resultaran peligrosos. Propuse bajar al bar, ver gente, pero él apretó un botón y pidió unas malditas Coca-Lolas del planeta rojo. Salí de su casa dando portazo definitivo a lo nuestro. ¡Que me buscara en Marte!

©Mikel Aboitiz

 

11 mar 2021

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 Con flores a María

Habría sido insufrible ver a ese pedazo de cachas haciéndole el boca a boca. Imagínense: Schwarzenegger reanimando a una Nancy de carne y hueso, mi novia. Bueno, mi proyecto de novia porque, en realidad yo, muy precoz, pensaba declararme. Ahí mismo, entre la máquina de abductores y el expendedor de agua. Entonces fue cuando ella se desvaneció junto a la cinta de correr. Se me cayeron las rosas al suelo. Él, un huracán musculado, se acercaba auxiliador. Y no se fue de bruces por exceso de impulso como todos creyeron. ¡Qué quieren que les diga! Yo aún desconocía los códigos del amor, pero a los doce años ya era el rey de las zancadillas.

 

©Mikel Aboitiz

4 feb 2019

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Fieles

Cuando se ausentaba de casa por las fechas en que cumplirían otro aniversario, Sultán paseaba en círculos por el piso en penumbra, maullando desconsolado a Marte que aleteaba lánguido pegado al fondo de su jaula de cristal. A su regreso, subía las persianas, la primavera entraba, el mar era un océano y Sultán un tigre que se le refrotaba contra las piernas mientras él gastaba las horas sentado en su sillón, releyendo cartas que extraía de sobres de tinta desvaída con dedos trémulos en los que portaba dos alianzas que, tiempo atrás, perdieron el brillo de sus mejores días.


©Mikel Aboitiz