Mostrando entradas con la etiqueta atajos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta atajos. Mostrar todas las entradas

17 jun 2018

En menos de 101 palabras


Adiós, no. Hasta luego

Volvíamos conduciendo de enterrar al tío Justo. Íbamos rápidos para tanta niebla y derrapé en una curva. Dimos varias vueltas de campana ladera abajo.
  —¿Estás bien?
  —Mejor que tú —respondió Laura al verme escupir sangre—. ¡Manda narices! Casi nos matamos volviendo de un entierro.
Permanecimos un rato abrazados entre hierros. Al salir fuera sentimos frío. En la vida habíamos visto tanta niebla.
  —Lo importante es seguir vivos —dijo Laura mirando de reojo el coche hecho un acordeón.
  —Alguien vendrá a auxiliarnos —añadí confiado.
Y tuve razón: entre la bruma apareció él. El bueno de Justo, siempre dispuesto a ayudar.


©Mikel Aboitiz


3 may 2014

En menos de 101 palabras (sin el título)


- Atajos -

Volvíamos de enterrar a Camilo, mi tío abuelo. Íbamos demasiado rápido entre la niebla y seguí recto donde había curva. Nuestro coche dio dos vueltas de campana ladera abajo. —¿Estás bien, Laura? —pregunté escupiendo sangre. —Mejor que tú —respondió irónica—. ¿Te imaginas? Casi nos matamos volviendo de un entierro, ¡vaya! Permanecimos un rato abrazados antes de salir afuera. En la vida habíamos visto tanta niebla. Sentimos frío. —Lo importante es que estamos vivos —me consoló Laura ante el coche destrozado. —Alguien vendrá a socorrernos —añadí confiado. Tenía razón: entre la bruma, apareció nuestro salvador. Era Camilo, siempre dispuesto a ayudar.



©Mikel Aboitiz

3 sept 2012

En menos de 101 palabras (sin el título)


Atajos

Volvíamos de enterrar a Camilo, mi tío abuelo. Íbamos demasiado rápido entre la niebla y seguí recto donde había curva. Nuestro coche dio dos vueltas de campana ladera abajo. —¿Estás bien, Laura? —pregunté escupiendo sangre. —Mejor que tú —respondió irónica—. ¿Te imaginas? Casi nos matamos volviendo de un entierro, ¡vaya! Permanecimos un rato abrazados antes de salir afuera. En la vida habíamos visto tanta niebla. Sentimos frío. —Lo importante es que estamos vivos —me consoló Laura ante el coche destrozado. —Alguien vendrá a socorrernos —añadí confiado. Tenía razón: entre la bruma, apareció nuestro salvador. Era Camilo, siempre dispuesto a ayudar.

©Mikel Aboitiz