23 sept. 2018

Reeditados: Otra historia de abogados



Makiabello

Dejarme sin tele era la medida de coerción favorita de mi madre. Si fallaba, la posterior comparecencia ante mi padre se resolvía cinturón en mano, por vía disciplinaria. Como reacción a tan hostil imperio de la ley hogareña, me eché un amigo invisible, Makiabello. Él me enseñó retórica. También que la delación es un arma invencible frente a los indiscretos.
Con su ayuda me convertí en el mejor abogado de mi propia causa y mi casa se transformó en un hotel de lujo: tele a todas horas. Papá no volvió a encerrarse en el baño para quitarse carmín del cuello al volver del trabajo y el cartero ya no entregaba a mamá ningún sobre en mano en el dormitorio.
Pensarán que mi amigo invisible desapareció pronto: se equivocan. Siguió vigilando para mí, observando el comportamiento de mis padres y disfrutando conmigo de Bonanza. ¡Ventajas de tener un amigo invisible!

©Mikel Aboitiz


2 comentarios:

  1. Interesante post. El amigo invisible se cura con un hermano, pero tu personaje e listo, y canalla también. Su amigo invisible no desaparecerá, porque se ha vuelto el alter ego real de su cara dura enmascarada

    Un abrazo

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    1. Muy acertado tu estudio psicológico.

      Un abrazo

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