Mostrando entradas con la etiqueta En pocas palabras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta En pocas palabras. Mostrar todas las entradas

9 abr 2021

En pocas palabras

 Sabiduría popular

«Guzmán, todo lo que sube baja», repetía incansable mi abuelo cuando hacíamos volar la cometa. Descubrí el valor de aquella frase al trasladarla a campos diferentes al aéreo, cuando la adolescencia pujaba por mi cuerpo inflamado de deseo y dejaba tras de sí pasiones caudalosas que iban a dar a la nada, que era su albo morir. Años después hube de recordar el famoso dicho. Todo empezó cuando mi mujer, hecha una amazona a horcajadas sobre mí, me recriminó: «Guzmán, esto no va como antes». Yo era su media naranja, pero por mucho que exprimiera, aquel zumo no resultaría. Temiendo no estar a la altura de sus pretensiones, la noche siguiente probé el milagro azul. Resultó. Ella se quedó dormida, satisfecha, sonriente, regando la almohada con un hilito de baba. Entonces comprobé horrorizado que la frase de mi abuelo ya no tenía aplicación en mi cuerpo. Porque algo en mí apuntaba hacia cotas bien altas, testarudo, contradiciendo la ley de la gravedad, la caída de una manzana del árbol, el orden natural de las cosas, el reposo del guerrero. Esperé y desesperé. Finalmente, un pantalón holgado y un taxi a urgencias devolvieron la razón a mi abuelo.  

 

©Mikel Aboitiz, Berlín, febrero 2021

 

20 feb 2021

En pocas palabras

 

¿Cuánto vale un cruasán?

La línea que divide las dos mitades del cruasán recién partido del desayuno dibuja la frontera entre el día y la noche. El cuchillo esparciendo la mantequilla en una repetición cotidiana, afila el hambre. Sorbo a sorbo, el café despierta el cuerpo poco a poco, como un soplete aplicado en deshacer un bloque de hielo. Si no fuera por el locutor de la radio hablando a lo lejos en un idioma solo comprensible por los ya despabilados, la soledad de la cocina se haría insoportable. La escena hecha de luz eléctrica, olor a café y migas repartidas sobre la mesa, responde a un objetivo que no es comenzar la jornada, sino prender el primer pitillo, encender el lanzallamas que descongela el invierno del sueño y da luz a una primavera renqueante en los pulmones, con brotes de toses que son el ruido del motor que nos pone en marcha para encarar la salida de casa, el encuentro con el trabajo, la falta de tiempo con los amigos, la frase suicida que nos marcará el día. Apenas te das cuenta y la noria alcanza su punto más bajo, la noche. Una pausa en el viaje. La mañana siguiente te reencontrarás de nuevo con el filo del cuchillo, con las dos mitades del cruasán mirándote hipnóticas, esperando el milagro diario, ese bregar de Sísifo impulsando su noria de calendario. La carrera sin fin hasta el próximo cruasán.

©Mikel Aboitiz

5 feb 2021

En pocas palabras

 Círculos

Me había colgado de su oreja. Una oreja bien formada, simétrica a su par, del tamaño exacto al canon de las proporciones. Delicada, de lóbulo discreto, suficiente para quedar uno prendado de ella por los siglos de los siglos. Mi tío discrepaba: lo mejor era el arranque de su busto (a cada cual lo suyo; será que el roce hace el cariño), pero ese lóbulo, Dios mío. Mi hermano gemelo, por supuesto, me daba la razón, mientras que mis primos, sin dejar de jugar con sus muñecas, opinaban desde su doble inocencia, que nada como sus manos. Y es que en la familia de los aretes siempre estamos dándole vueltas a lo mismo.

                                                                                                                                        © Mikel Aboitiz

21 ene 2021

En pocas palabras

 

 

Foto:  ©www.lalengusalvada.blogspot.com

 Tren correo

Abrió el brandy de Jerez el primer día en su destino en aquel pueblo perdido en la sierra, lejos de ella. El correo se demoraba; los trenes, renqueantes jaulas de hollín, apenas circulaban por la nieve y él escribía puntual cada domingo:  «Querida Susana…», acompañado por una sola copita de brandy. Más no se permitía, aunque tal vez sí un «cuánto te deseo». Mediada la botella, los trenes humeaban por la verde cintura de la montaña, avanzando entre pinos, entrando con violencia férrea por el túnel, silbando asmáticos hasta el pueblo, exhaustos como él, sin cartas de Susana. Hubo una segunda botella, cuando el sol ardía en la falda de los montes y él más sentía el frío de los trenes sin respuesta. Lo último fue un telegrama de ella, pero, para entonces, la botella solo acumulaba polvo en la casa del pueblo sin maestro.

 ©Mikel Aboitiz

 


18 ene 2021

En pocas palabras

 En toda la cabeza

Dígale, agente, que la quise mucho, que yo fui quien organizó su lecho, las flores, todo. Dígale que me alegro de que por fin haya despertado, que la sigo queriendo. Desde el primer momento en que la acogimos, la quise, pero que me dejé llevar por los celos al verle bajar del caballo. Me pudieron su apostura, su porte principesco y le lancé lo primero que tenía en la mano. ¡Una maldita manzana había de ser! Comprenda, agente, que fue un pronto y no es merced que se ensañe conmigo apretándome tanto los grilletes. Soy bajito, pero no peligroso.

 ©Mikel Aboitiz, Berlín

8 ene 2021

En pocas palabras

Una señora frágil

Ayer, antes de acostarnos, mamá nos trajo un libro sobre gente de tiempos antiguos, de cuando vivía una señora bastante mayor y frágil que se llamaba Democracia. Cerró la puerta del dormitorio para no molestar a papá y nos leyó, bajito, bajito, cosas de aquel entonces, cuando no teníamos un Libertador al mando y la gente andaba de aquí para allá lanzando opiniones unos contra otros. Eran tiempos de caos en los que vivía Democracia. Había unos señores que decían ser los representantes del pueblo y que, después de discutir horas y horas entre ellos, hacían lo que querían, pues no contaban con la opinión del Libertador, porque este aún no había nacido. No existía una línea clara, que es algo como un camino derechito por el que ir, como ahora, y ellos se liaban a insultos. Unos eran cobardes, otros traidores, no como hoy que todos somos patriotas. A mamá se la notaba cansada, casi sin voz. Nos dijo que la confianza era algo muy importante y que debía ser como una roca, imposible de romper. Cerró el libro recordándonos que no habláramos de él con nadie, absolutamente con nadie y que confiaba en nosotros. Nos dio el beso de buenas noches, apagó la luz y la oímos arrastrar las zapatillas hasta la puerta.

 Dándole vueltas a lo del libro de mamá, hoy me ha llegado la hora de ir al cole y he dejado la magdalena del desayuno a medias. Sé que la confianza es una roca, seguramente de granito, que es algo muy duro. Por eso no pienso mencionarlo nunca, nunca, así me arranquen las uñas. Simplemente, en la pausa del recreo, como que no quiere la cosa, con mucho cuidadito, preguntaré a la profe de Instrucción Patriótica si alguna vez oyó hablar de una tal Democracia.

©Mikel Aboitiz