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8 may 2012

A ti que lees mi blog



A ti que lees mi blog

No sé por qué, pero presiento que puedes ser mi príncipe azul. Ese que siempre quise que me hiciera la corte para negarle a la primera todo lo que deseo darle a la segunda. Para pararte los pies con una zancadilla certera que te haga morder el polvo y probar la derrota... Hasta el siguiente envite. Porque sé que eres un príncipe con tesón y volverás. Yo, en realidad, me deshago por ti como una pastilla de detergente en el lavavajillas. Sin embargo, no he de ofrecerte muchas confianzas al principio. Un instinto me dicta que volverás a mí y que podré esperarte al cabo de otras líneas que iré escribiendo, como paciente Penélope. Que podré seguir completando este blog infinito hasta que llegues de nuevo como un verdadero príncipe azul a proponerme lo que ansiosa espero. Entonces, me lanzaré a tus pies y, desfallecida de placer, te rogaré una y otra vez que hagas lo que más deseo y te pido con voz jadeante: ¡publícame! Publícame en papel, mi querido editor azul. Hazme tuya.  
La lengua salvada

P.D.: Aunque no seas mi príncipe azul, sé que he de conformarme con amores más terrenales y te agradezco igualmente la lectura.


3 may 2012

Salvaje vuelve a la carga contra Salvada



Salvada está perdiendo los papeles. Ya, esto no es ninguna novedad, me dirán... Me limito a transcribir lo que he encontrado en uno de sus cajones y ¡ni una palabra más!







 Décimo seguidor de la lengua salvada

—Juan de la Cosa, ¿no? De profesión cartógrafo...
—No, disculpe: Cossa, con dos eses. Y mi nombre es Sergio, no Juan.
El hombre del mostrador corrige concienzudamente los datos en sus papeles. Utiliza un bolígrafo diminuto, como hecho a su medida. Acabada la corrección, libera el labio superior de entre los dientes e indica amable, antes de alejarse pasillo adelante:
—Bien, espere un momento, por favor.
A medio camino se gira dudando:
—Juan, me dijo, ¿no?
Sergio le corrige de nuevo llenándose de paciencia. Para hacerlo se ha levantado un instante del sofá. Pasa un minuto. Dos minutos. En la sala de espera hay varias revistas. Cossa toma una, hojea otra; mira al fondo, inquieto, intentando descubrir algún movimiento en el oscuro pasillo, que parece una boca que se hubiera tragado al hombrecito y exhalara un aliento fresco. Pero no; se trata del aire acondicionado que funciona fatal, intermitente. ¿De dónde habrá salido este hombrecito con ese traje rojo o rosa como una lengua? En todo caso, le quedaba un poco grande, además de chillón. Una puerta abriéndose le saca de sus ociosos pensamientos. Desde el fondo del pasillo avanza el hombrecito, sudoroso, empapado. El calor en la sala de espera es insoportable. La mancha rosa o roja, avanza, como si fuera una lengua saliendo de ese pasillo profundo como una boca y se burlara de él y de su espera. Mortal este calor. Cossa ya no sabe a qué ha venido a este lugar. Acierta, lo justo, a incorporarse e ir junto al mostrador al encuentro del hombrecito, que empapado en sudor, le informa:
—Señor de la Cosa, sea usted bienvenido —aquí despliega una sonrisa de dientes de leche, añadiendo tras una pausa excesivamente dramática y vacía—: le hemos dado el número 10, como a Maradona. Maradona, ya sabe...
Cossa no está seguro de haber escuchado bien. Ese maldito calor no le deja pensar. ¿Es un chiste eso que le ha dicho el hombrecito? ¿Debería reírse?, ¿ignorarle? Porque el hombrecito está ahí parado, frente a él, con las manos sobre el mostrador, extendidas sobre un teclado invisible, a la espera de una reacción. ¡Dios, qué calor! Que alguien arregle el maldito aire acondicionado. El hombrecito no se mueve y ¡cómo suda! Parece envuelto en baba. ¿Qué espera de mí? De repente algo hace clic (¿han arreglado el aire acondicionado?) y el hombrecito se ha esfumado. Así de sencillo. ¿Seguirá sudando allá donde esté? Clic y el hombrecito ha desaparecido.

©Mikel aboitiz


30 mar 2012

Clasificados



Sospecho que, descontenta con la escasa repercusión de su recién publicada microtrilogía Dictadores y vencidos, Salvada intenta buscarse la vida como puede en estos tiempos de crisis... He encontrado este anuncio que bien podría haber sido pagado por ella...



¡ni una palabra más!



   

5 mar 2012

En menos de 101 palabras





Problemas de alcohol

Vuevo a beber. Comienzo a esconderme detrás de una botella. Noto como si alguien estuviera contando hasta veinte y después me buscara trás ella; como si mi barriga y pies asomaran delatándome; como si yo fuera del tamaño de una botella y luchara por achatar el perfil para que mi nariz (de borracho) no asomara dejándome en evidencia. Pienso en todas estas locuras (he vuelto a beber) y me sirvo otro trago —el último— mientras me siento aún más pequeño. Sorbo a sorbo voy encogiendo. Hasta ahogarme en el interior vacío de la botella.



©Mikel Aboitiz


20 ene 2012

Salvaje espía a Salvada en la cocina

Ayer vigilaba Salvada un perol sobre el fogón. Asomaba su rostro sobre el burbujeante líquido como un Narciso con mandil y zapatillas de felpa rosa, cuando se coló en su cocina un gorila hambriento que fue a sentarse en silencio en el suelo, junto a la escoba.
—¿Y tú, de dónde sales?
—Vengo de Asturias. Soy descendiente del primer rey asturiano —contestó distraído el gorila mientras se sacaba un piojillo de debajo del sobaco, bizqueaba examinándolo pinzado entre dos dedos y se lo metía a la boca después de haberlo reventado con saña—. ¿Le suena la batalla de Covadonga?
—Pareces un gorila instruido y muy humano —esto último lo dedujo Salvada al comprobar la indiferencia con la que aplastara al indefenso piojillo.
—Tengo hambre —el gorila lo dijo ablandando las facciones de su cara. Definitivamente a Salvada le resultaba simpático y lo celebró bebiendo a morro otro buche de vino blanco antes de regar la sopa (no sé de dónde sacaría la receta, pero iba por la tercera botella y cocinaba para cuatro)—. Deme algo, por favor —pidió cortés el gorila.
—Toma un plátano. No te cortes: pela, pela, yo voy terminando esta sopa de letras y te doy un poco. Espero que te guste. Es mi bienvenida.


Eso fue lo que oí, y... ¡ni una palabra más!


10 nov 2011

Comunicado




                      Berlín, 10 de noviembre de 2011

Permítanme que interrumpa su ocio.
Me veo en la dolorosa obligación de comunicarles que la lengua salvada ha sido ingresada de pronóstico reservado en un hospital de nuestra ciudad. Hasta el momento las causas que han llevado a tomar tal medida nos son desconocidas por lo que, por el momento, no podemos avanzarles mayor información. Sin embargo, debido a tan especial circunstancia, nos vemos forzados a tomar las precauciones pertinentes para que este blog siga adelante. Para ello esperamos contar con el apoyo inquebrantable de sus fieles seguidores, de los cuales solo unos pocos han tenido el coraje y el arrojo de comunicar con la lengua salvada (a pesar de no haber llegado a inscribirse como seguidores oficiales) y le han enviado mensajes de manera tan esporádica como incondicional. Para no defraudar las expectativas de estos y otros muchos, podemos asegurar y les aseguramos, que el blog seguirá en funcionamiento gracias a la labor previsora de Salvada cuyo trabajo administraremos desde aquí, guiados por el espíritu de unión que, en todo momento, nos conducirá en esta etapa de incertidumbre. Apelamos a la probada paciencia de los seguidores de la lengua salvada (aunque lo sean de manera extraoficial, sin tener a bien pinchar sobre “seguidores” en la parte derecha, bajo las etiquetas) para sobrellevar eventuales alteraciones técnicas y de asiduidad de publicación.

Asumiendo las prerrogativas extraordinarias que en las circunstancias actuales desde hoy contraigo, les encarezco –en mi nombre y en el de todos los que modestamente colaboramos desde la sombra para que ustedes puedan disfrutar de su merecido asueto con la enaltecedora lectura de este blog– a mostrar en este trance su probado apoyo a nuestra labor, haciendo gala una vez más, de la paciencia y entereza que como hombres y mujeres de bien les caracteriza, y les insto a no ahorrar muestras de adhesión a la lengua salvada en forma de comentarios o correos electrónicos, que a buen seguro llegarán a oídos de Salvada cuando esta se restablezca.

Sin más novedades por el momento, me despido de ustedes hasta una futura ocasión.

¡Que la saliva les acompañe!

Atentamente les escupe,

La lengua dictagorda